29 de julio de 2015

El fin de mi etapa universitaria en España



Seguramente has entrado en este post porque eres un cotilla este es también para ti un tiempo de cambio o porque es verano y te aburres como una ostra tostándote bajo el sol. En mi caso, el presente estío supone el fin de mi paso por la Universidad Carlos III de Madrid y por las aulas en las que se suelen impartir las asignaturas de Ciencia Política y Sociología.

Después de cinco años y desde la terraza del hotel, resulta difícil dar con la definición perfecta de cada fase de una sólida, aunque fugaz, trayectoria universitaria que acabará por terminar en París (¡lo decidí en una semana!). Además, este último ha sido el más estresante pero también fructífero cuatrimestre de mi vida académica y creo que lo he olvidado todo desde que entregué el último tedioso Trabajo de Fin de Grado.

Lo que importa es que, después de superar más de trescientos créditos sobre materias que aborrezco, parece que he encontrado mi motivación vital. La realidad es que me ha costado bastante dar con ello pero al final me he graduado doblemente mientras tanto, ya ves. Tampoco me arrepiento, oye. En verdad pienso que, de todas, mi carrera es versátil y una risa no de las más difíciles, lo que permite que sea fácilmente reconducida y compaginada con otras actividades. Este Doble Grado es funcional, si se tiene en cuenta que desde pequeña, cuando pretendía ser psicóloga de perros, nunca he tenido una vocación estable (es decir, un interés que perdure dos meses al menos por alguna profesión en concreto).

De hecho, he tratado de dar de mí lo máximo este año académico. Este último curso dije “coño, voy a rentabilizar mi tiempo” y estudié cosas nuevas para superar retos nuevos y conseguir objetivos nuevos. He reído y llorado simultáneamente en casa, en el trabajo y en la facultad. ¿Te acuerdas del día que el PIC me hizo llorar? Mi último semestre podría ser la culminación de una intensa competición conmigo misma. ¿Y sabes qué? He ganado. He salido de mi zona de confort y lo he logrado; me he superado a mí misma. 

Bien podría decir que “he pasado al siguiente nivel" y que "ahora viene lo mejor”. Ciertamente, se trata de una cuestión altamente cíclica y subjetiva, ya lo verás. Por eso, ya adelanto que este no constituye mi último auto-desafío. Dentro de un mes y durante los dos próximos años seguiré compitiendo en París (ya sabes, largarse al extranjero o morir en el intento), a ver qué sale. 

Por lo menos, la tonificación de mis glúteos y piernas tiene consigo las de ganar... ¡Putas escaleras (parisinas)!



No hay comentarios:

Publicar un comentario