21 de septiembre de 2014

Os presento a mí misma ¿quién se esconde tras las líneas de este blog?


Hace poco tiempo desde que me empecé a tomar un poquito en serio lo de escribir publicaciones de vez en cuando para contaros mi puta vida tete

Pues principalmente porque este blog empezó a ser para mí como una vía de escape a un Erasmus (anti-Eramus) parisino en el que los que los días de fiesta y las discotecas eran la excepción y dónde aprendí a vivir en armoniosa soledad gran parte del tiempo. 



Me llamo Maca y nadie me ha beatificado por mis escritos pero sí soy la amiga responsable y madura del grupo. Sí, yo soy la aguafiestas que piensa en las consecuencias y en el futuro, en el éxito profesional y en aprender idiomas (y, sobre todo, palabrotas en otros idiomas). 

Mi nombre real debería haber sido "ya te lo dije" pero mi madre ama el folclore andaluz (siempre zapatea un rato después de comer) y claro, a ver quién le iba a decir que no me llamase como le saliera de la peineta. 

Estudio un Doble Grado en no sirve para nada y era mi séptima opción en la carta de solicitud de estudios Ciencias Políticas y Sociología pero adoro el sector privado, el mundo de la empresa y todo el postureo de vestir elegante y reunirse para una multiconferencia con Bruselas (y sí, ya he tenido alguna and I feel like a fucking classy bitch).

Atención al vademécum de pececitos de los que disponen as agencias de evaluación.
Son lo más de lo más.



Si tuviera que elegir tres palabras para describirme serían (encuentra las 7 diferencias entre esta sección y mi perfil de LinkedIn):

1. Analítica: no es que me importe cada mínimo detalle de todo lo que veo, es que me pregunto por qué es de tal manera y por qué no es de otra. Y necesito encontrar explicación para todas y cada una de las cosas del mundo.
2. Exigente: conmigo misma y con los demás. A veces, demasiado. A veces, demasiado poco.
3. Proactiva y polifacética: "Qué lista, Maca, has dicho tres y has metido dos adjetivos al final". Pues sí. Os sorprenderían todos los trabajos e ideas que he tenido por no saber precisamente qué es lo que mejor se me da (o lo que peor). 

Si algún voluntario me dice ahora mismo cuál es mi profesión ideal, estoy dispuesta a subastar mis órganos a un precio económico (espero que valga la grasilla sobrante del abdomen, esa la regalo desde ahora mismo).


Existen tres puntos imprescindibles en la historia de mi vida:

1. Mi madre: fue la mujer que me dio la vida e, indirectamente, a este blog así que no podría faltar en este apartado.
Nos llevamos fatal regular pero el roce hace el cariño... y cocina demasiado bien como para no olvidar todos los malos rollos a la hora de comer. ¿No os pasa continuamente?

P.D.: sé que me matará por poner esta foto.




2. Jorge: es mi mejor amigo y siempre puedo contar con él. Creo que eso lo significa todo para mí, como él. Somos una puta pareja envidiable, es así de repelente todo pero qué le voy a hacer. 
A mí me sorprende tanto como a vosotros. De hecho, a veces pienso que debe ser tan falso como algunos de vosotros seguro pensáis que es. Pero no lo es, no es ficción blogger. Es tan bueno como parece.



3. Trufa: (y no Trufi, Trufera, Fifi, Fifoides, Princesi Doradi, Ratera o cualquier otro tipo de variante que claramente ya he inventado yo). 

Es inquieta, trasto y absolutamente comestible y booooba (por favor, reparad en que tiene una hoja colgando de las barbas y no se da cuenta desde hace diez minutos). Es un maldito genio canino y totalmente insuperable, no hay más.

Your image is loading... 

Trufi y yo tenemos una relación absolutamente materno-filial, ella es mi hija y me idolatra porque soy su madre y, para ella, la mejor del mundo mundial. Además, no es que yo sea de esas estúpidas que visten sus perros y les compran trapitos, es que yo misma se los confecciono (sí, ya podéis empezar a pensar en trastornos psiquiátricos relacionados con la personificación de animales).




Your image is loading...

Esta es mi cara de reclamaciones pero si tenéis algo que objetar, estaré encantada de escuchar vuestras quejas/sugerencias al respecto en comentarios, publicaciones, redes sociales, posts compartidos (EJEM)... 

Y para todo lo demás, MasterCard.



15 de septiembre de 2014

Bodas y amigos emparejados ¿por qué estoy más sólo que la una?

Espero que el título de este post no os haya despistado. No, no he regresado a la soltería (ni lo pretendo de momento). Mi relación con determinado nórdico de ojos azules (de la que ya os hablé en algún otro momento aquí: http://putasescaleras.blogspot.com.es/2014/03/un-fin-de-semana-mas-contigo.html) sigue tan sana y tan alegre como siempre ha sido. No pretendo que me odiéis pero... c'est la vie!


No soy ni me creo una experta en el tema de las relaciones pero yo no paro de ir a bodas y bautizos y... esto se nos va de las manos. Qué deciros, el otro día estaba en un briefing para un congreso que voy a cubrir esta semana y no pude evitar fijarme en el embarazo ya evidente de otra de las azafatas... ¡Alucina! La muchacha tendría unos 24 años y ya estaba hipotecada de por vida. Que no es que sea nada malo, oye.

Yo también conozco gente que se hipotecó habiendo cumplido apenas la mayoría de edad y olé olé sus *******. Pero qué marrón ¿no? Tu ahí, viviendo en casa de tus padres, pidiéndoles dinero (o por lo menos dejando que te paguen la universidad) mientras otros llevan años cuidando de sí mismos ¡y de otros! Tampoco es plan de criticar las situaciones ajenas pero... à mon avis, cada cosa lleva su tiempo, unas cosas llevan más tiempo que otras y no es cuestión de precipitarse.

Al otro extremo de este espectro también sé de muchos. Tengo millones de amigos que ni tan siquiera saben lo que es una relación (ni quieren hacerlo). En realidad no creo que sea ninguna condición apocalíptica la de no haber tenido pareja antes de los 22 años. Es más, a veces diría que te ahorras bastantes chorradas si esperas hasta los 35 20 (aunque la experiencia nunca viene mal).


Lo que yo me pregunto muchas veces es qué condiciones dan lugar a un tipo de persona u otro. Si tuviera que clasificar a las personas entre aquellas que tienden a emparejarse y aquellas que prefieren el club de los singles, tendría bastante claro que sin duda pertenezco al primer grupo. Pero yo también he estado soltera (aunque por poco tiempo, no lo vamos a negar) y, cuando dejé de querer seguir siéndolo, creí que debía cambiar para conocer a alguien que mereciese la pena.

La última vez que había estado con alguien si es que puede llamarse así lo que sea que tuve con cierta persona había llegado a la conclusión de que ninguna persona podría estar a la altura de mis expectativas (ni, y ya ni te cuento, a mi propia altura). Así que decidí dedicarme tiempo a mí misma. Afortunadamente, decidí darle otra oportunidad al universo. Y pensé que era hora de dejarse conocer y de querer conocer a los demás. No tardó demasiado tiempo en funcionar (bien)...

Pero eso ya os lo cuento en otra ocasión, que no tiene desperdicio.








7 de septiembre de 2014

Dogging (me pone hacerlo en público)

Buenos días, tardes o noches (esto depende de cuándo os sintáis irremediablemente atraídos por el sugerente título de este post).

                                      

Estoy segura de que estáis deseando leer los detalles más escabrosos de mi provocativa vida sexual al aire libre pero lamento anticiparos que ese no es el tema principal de esta entrada (aunque podéis imaginar todo lo que queráis, que para eso es gratis).

La cuestión es que uno de los artículos del último número de Glamour detalla la naturaleza de este fenómeno denominado dogging. Para quienes no lo hayáis deducido ya, el dogging se basa en llevar a cabo prácticas sexuales en público y, al parecer, se manifiesta en parejas sexuales a partir de los 30 años.

¿Por qué? Pues, en teoría, se trata de una manera de renovar la vida sexual de la pareja (y digo la pareja y no "uno mismo" porque seguro que si nos encontrásemos un individuo tocándose en cualquier lugar público, este no sería un practicante de dogging sino un perturbado de los pies a cabeza). En cualquiera de los casos, no tengo muy claro qué pensar al respecto.

                             

Porque, entre pitos y flautas, el artículo que presenta Glamour acaba derivando en que no sólo hacerlo en público mola y estimula. Lo que de verdad mola es coger a un completo desconocido en mitad de un concierto y hacérselo a tope, en mitad del gentío mientras tu novio se queda en casa con gripe. Eso, chicas y chicos, sí que debe rentar.

Yo, sin ir más lejos, el otro día decidí darle riesgo y pasión a mi vida (sexual) y agarrarme a una en la cola del súper. Cómo lo gozamos las dos mientras las abuelas, las amas de casa y los solteros nos observaban sin dar crédito. Una locura, vamos.

Lo único que me dio un poco de apuro al final, fue cuando me dí cuenta de que Jorge me estaba esperando en casa y de que, claro, a ver quién y qué le iba a decir de mi melena alborotada y de los rumores que desde aquel día corren por el barrio. Así que tuve una idea prodigiosa: ¿y si no se lo cuento?

Y así fue, le mentí. Como Jorge siempre fue un poco lento (fronterizo) y, además, tampoco se merecía mi respeto porque no quería hacerlo en un parque infantil pues se la metí doblada. Y os aconsejo que hagáis lo mismo. Como decía mi madre (y la Biblia) "que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha".

Y esta historia de ficción es, básicamente, lo que la periodista Eva París nos cuenta en su texto publicado por Glamour: la renuncia a los principios en favor de lo mainstream, que es lo que vende y lo que interesa.


Con sarcasmo y una pizca de desdén: