23 de junio de 2014

De los becarios y sus aflicciones

Espero no ser la única que está sometida a este continuo quehacer de jornadas completas, aderezadas con horas de desplazamiento e insignificante remuneración tal vez porque estas condiciones se repiten incluso, digamos, en la mayoría de las vidas de los (¿afortunados?) empleados de este país.


Fuente: Forges. El País.


Por eso mismo, me permitiré compartir con vosotros algunos de los vitales consejos que yo pongo en práctica habitualmente y domino con gran soltura. Estos os ayudarán en el correcto desarrollo de vuestras tareas laborales y os llevarán a un estadio bien elevado en la pirámide de Maslow: la autorrealización.

1. Conocer los atajos de teclado.

2. Guardar en favoritos todas aquellas páginas que atraigan vuestra atención, o más bien, la distraigan de las principales tareas que lleváis a cabo.

3. Escribir un blog.

4. Dejar siempre abiertas las pestañas que deberíais tener abiertas para cumplir con vuestro cometido.

5. Ver ese vídeo de siete niños chinos tocando la guitarra a la vez. En serio. Este paso es imprescindible.

6. Ver ese vídeo de cuatro hombres tocando la misma guitarra y produciendo una melodía más que pegadiza.

7. Si llegáis a la oficina y parece que no hay ni Cristo, comprobad que no haya ni Cristo antes de poneros a hablar por teléfono, ver vídeos o incluso disfrutar de vuestro momento All-bran.

8. La clásica expresión de resolver integrales, la viva imagen de la inteligencia pegada en vuestra cara mientras rellenáis cuestionarios para saber a qué personaje de GoT os asemejáis más.

9. Mantener la calma con supervisiones inminentes o miradas repentinas. Si accidentalmente alguien entra en el despacho, actuad con normalidad mientras pulsáis Alt+F4 varias veces. Cinco. Quince. Hasta apagar incluso el ordenador. Evaporarse.

10. Escaquearse de pagar el desayuno. Cobráis una miseria y todos los demás lo saben, se trata de una exoneración con todas las de la ley. De hecho lo podéis consultar en el artículo primero del primer título de la Ley 222/2000, de 23 de junio, de derechos de los pringados que trabajan como becarios o básicamente en condiciones de precariedad laboral.

                     


Creo que eso es todo, chicos. Mucho ánimo con vuestras faenas y difundid mi legado.